Stallone: una historia de superación personal


photo credit: Sabda Renjana via photopin cc

Cuando tenía catorce años vi por primera vez la película Rocky.

Todavía faltaban diez años para que Giacomo Rizzolatti y su equipo de investigadores de Parma, descubrieran las neuronas espejo, responsables entre otras cosas, de la imitación de los modelos que nos atraen.

Desconocía la existencia de esas neuronas tan curiosas, ya digo, pero como niño amante del deporte y la superación, sucumbí a sus efectos.

Al día siguiente me levanté temprano y me fui a correr como Rocky. Una carrera urbana, a su estilo. Una vuelta a la manzana. Después en casa, unas flexiones ( a una mano todavía no fui capaz, pero lo intenté, y sé que no fui el único), y también como él me tragué dos huevos crudos, sin batir ni nada.

Nunca más lo volví a hacer.

Lo de los huevos, me refiero.

A correr he ido muchas más veces.

Hace poco he vuelto a reencontrarme con Rocky, con Stallone. Me acordé de él y del poder de motivación que su película tuvo sobre mí.

He dedicado unas horas a leer sobre él y he encontrado algunos motivos de la electrizante energía que me transmitió su película:

Stallone, como tantos otros aspirantes a actor tuvo unos comienzos muy difíciles, con pequeños y escasos papeles.

A pesar de las dificultades tenía un sueño muy claro y persistió. Sus ingresos eran escasos, su economía familiar se resintió, y su mujer le presionaba para que abandonase su sueño y buscase otro tipo de trabajo.
Stallone no lo hizo. En lugar de eso empezó a vender propiedades para mantenerse. Primero fueron los muebles, después incluso las joyas de su mujer…

Su mujer le dejó.

Llegó hasta tal nivel de desesperación que tuvo que vender a su propio perro, un animal al que quería mucho.

Bajó a la calle y lo ofreció a la gente que pasaba por la acera ante una tienda de licores. Un desconocido le compró al perro por una cantidad ridícula, unos 25 dólares.

A los pocos días presenció un combate entre Muhhamad Alí, en el cénit de su carrera como campeón y un desconocido y veterano boxeador de 37 años de edad llamado Chuck Wepner.

Las apuestas estaban 30 a 1 a favor del campeón. Sin embargo Chuck Wepner resistió los golpes de Alí hasta que en el noveno asalto lanzó un ataque con todas sus fuerzas que mandó al campeón a la lona. Era la primera vez en muchos años que alguien lo conseguía.
Alí consiguió levantarse y continuó el combate hasta el asalto numero 15. Cuando faltaban sólo 19 segundos para el final, el veterano Wepner, prácticamente ciego por los golpes recibidos en las cejas, dobló la rodilla y perdió por K.O técnico.

Stallone obtuvo una inspiración inmediata al presenciar el combate. Se fue a su casa y escribió en pocos días, de un tirón, el guión de la película Rocky.

La presentó a muchos productores que le rechazaron, pero al final Irwin Winkler y Robert Chartoff vieron posibilidades en el guión de Stallone.

Ofrecieron a Stallone 125.000 dólares por el guión. El papel protagonista lo haría alguna estrella del momento, como Ryan O´Neal o Robert Redford.

Stallone, en una situación económica angustiosa, no aceptó. Rocky tenía que interpretarlo él.

Los productores no aceptaron y días después incluso subieron la oferta a 250.000 dólares.

Y Stallone aguantó una vez más.

Finalmente los productores aceptaron que hiciera él la película, pero pagándole sólo 35.000 dólares.

Se hizo la película con un presupuesto muy bajo y en sólo 28 días.

Rocky fue un auténtico éxito en taquilla, recaudó más de 115 millones de dólares, sólo en Estados Unidos, y ganó tres premios oscar, incluido el de mejor película.

Con el dinero Stallone volvió a buscar a su perro. Esperó en la acera ante la tienda de licores, hasta que al cabo de varios días apareció el desconocido al que había vendido el perro días atrás.

Le ofreció pagarle para recuperar el perro, pero el hombre se lo puso bien difícil. Tuvo que pagarle varios miles de dólares por él y ofrecerle un pequeño papel en su próxima película.

Dos historias sobre el valor: el valor de Stallone y el valor de las cosas.

Después de leer sobre Stallone, de conocer las dificultades por las que pasó: su parálisis facial producida por las dificultades de su nacimiento, sus múltiples cambios de colegio, sus comienzos tan difíciles y su increíble persistencia, entiendo mejor todo.

El sugerente combate, su inspiración para escribir el guión, su insistencia en interpretar él a Rocky, su apuesta por sí mismo, el riesgo que asumió para conseguir su sueño haciendo el papel perdiendo mucho dinero…

He vuelto a ver la película varias veces sabiendo todo esto y entiendo lo que sentí hace más de 20 años cuando ví la película por primera vez.

Uno de los momentos más emocionantes para mí es cuando Rocky hace su último entrenamiento antes del combate. Aparece corriendo ante los barcos del puerto, temprano en la mañana. Corre cada vez más rápido, acabando en un espectacular sprint.

Entonces sube corriendo las míticas escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, el último tramo casi de un salto.

Arriba Rocky, se gira y encara la gran ciudad. Mañana puede ser un gran día. Su vida puede cambiar y se pueden cumplir sus sueños.

La carrera y la escena de las escaleras son creíbles, emocionantes.

Creo que lo son porque no es sólo Rocky el que corre para cumplir sus sueños.

En lo alto de las escaleras está también Stallone, emocionado, que presiente que también él, por fin, va a cumplir los suyos.

Una historia inspiradora para cualquiera que se proponga luchar por sus sueños.

.

Fernando Simón Marta
Formador y entrenador de vendedores. Cursos de venta para empresas y profesionales.

fernandosimonventas@gmail.com

www.ventarelacional.com

Esta entrada fue publicada en Motivación y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *